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El sueño es un proceso evolutivo

6 de mayo de 2009 a las 17:18 Última respuesta: 9 de mayo de 2009 a las 11:20

El sueño es un proceso evolutivo
Rosa Jové. Psicóloga infantil
El problema más grave al tratar del sueño es pensar que todos los niños, independientemente de la edad que tengan, duermen igual. Es el primer fallo del conocido Método Estivill, y lo que imposibilita el hecho de generalizar a la hora de solucionar un determinado problema. Veamos por donde apuntan las últimas investigaciones para resolver los problemas del sueño y con las que se está trabajando.
El sueño es un proceso evolutivo
Imaginen un bebé de 6-8 meses gateando. Todo el mundo se admirará de la prontitud en la adquisición de sus metas locomotoras, porque todos sabemos cual es la evolución normal de un bebé. Pero imaginen que no tenemos ni idea y nos empezamos a preocupar cuando un bebé empieza a gatear porque.... ¿y si no se levanta nunca y no anda? Todos sabemos que, si no intervenimos, cualquier niño sano, a pesar de gatear a la perfección se levantará y andará. Por que andar es un proceso evolutivo que se adquiere con la madurez motora.
El sueño es un proceso evolutivo; los bebés nacen con apenas dos de las cinco fases de sueño que tenemos los adultos. A lo largo de los meses, y compenetradas con las necesidades biológicas del bebé, van apareciendo las otras fases. Esto es así porque, entre otras cosas, un bebé necesita comer frecuentemente (si no tendría hipoglucemias) y necesita protección. Si tuviera todas las fases de sueño como los adultos tardaría mucho más rato en hacer un ciclo completo (hay que pasar por varias fases para notar descanso) y eso resultaría peligrosísimo para ellos. Por eso, la naturaleza, que es sabia, hace que los bebés al nacer solo tengan fase de sueño profundo y una fase REM, pero no las otras, con lo que así se despiertan a menudo.
A los 6 meses ya tienen establecidas casi todas las fases, pero aún les cuesta pasar de una fase a otra. Están ensayando y por eso hay tantos bebes que suelen incrementar los despertares de los 6 meses en adelante.
La fase del sueño profundo es peligrosísima para el ser humano desde el punto de vista evolutivo, puesto que durante ella somos muy vulnerables. Para paliar esta circunstancia, la naturaleza, que siempre está de nuestra parte, intercala en las fases del sueño profundo picos de sueño ligero a modo de microdespertares. Si todo está bien, continuamos durmiendo y no nos enteramos, pero si algo no va bien, nos despertamos. Cuando los niños adquieren este dominio (que no se da hasta pasado el año, siendo normal que haya despertares por este motivo hasta los cinco años) duermen de un tirón, pero, en caso contrario, hay que darles más tiempo.
Ya sé que se oye hablar de bebés que duermen de un tirón desde los 6 meses, pero estadísticamente sabemos que no es lo más frecuente. En cuanto a los niños estivillizados se suelen despertar igual, pero están amaestrados para no llorar, continuar en la cuna y acabar durmiéndose al cabo de un rato (como hacen todos).
Si no intervenimos, cualquier niño sano adquirirá, un día u otro, el proceso y dormirá.
Otra cosa es que los padres aguanten hasta ese día. Cuando acuden a la consulta de un especialista no es porque los niños vayan a tener problemas de mayores (eso ya se puede descartar), sino porque los padres ya no pueden más. El especialista debería estudiar cada caso y ofrecer a los padres técnicas para que sus hijos aceleren el proceso. Pero no porque los niños lo necesiten, sino porque los padres no pueden más.
Estas técnicas varían según la edad del niño, su proceso evolutivo o su historial de sueño, por lo que no es posible dar una solución general. Sobre estas técnicas hay dos que han demostrado favorecer la adquisición del sueño correcto: el colecho y la lactancia.
Por lo que respecta al colecho, Mckenna demostró que los niños que dormían con sus padres tenían menos probabilidades de presentar el síndrome de muerte súbita del lactante y que, a través de la respiración de la madre, los niños aprendían antes a pasar de una fase a otra del sueño, ya que sincronizaban su respiración con la materna (hay fases del sueño que tienen una respiración diferente).
En cuanto a la lactancia, R. Debré y A. Doumic, comprobaron que los perritos amamantados dormían mejor que los alimentados con biberón. Parece ser que la succión al pecho cansa y relaja más, aparte que la leche contiene L-triptofano, un aminoácido que ayuda a la conciliación del sueño.

Recién nacidos y el sueño


Antes de los cuatro meses los bebés tienen una necesidad de sueño diferente de los bebés de más edad. Este artículo te ayudará a entender como tu recién nacido está formando su patrón de sueño, y te ayudará a desarrollar expectativas razonables en lo referente a tu bebé y el sueño.
Lee, aprende y cuidado con consejos erróneos
Todos tienen una opinión acerca de la forma en que debe tratarse el asunto del sueño con tu bebé. El peligro que corren los padres nuevos es que estas migajas de consejos erróneos puede tener un efecto negativo sobre nosotros... si no estamos al tanto de los hechos. Cuanta más información posees menor será la posibilidad de que otras personas te hagan dudar de tus decisiones en la crianza de tu bebé.
Cuando conoces la verdad, podrás responder con confianza a aquellos que tienen buenas intenciones pero que te están ofreciendo consejos equivocados. ¡El primer paso es adquirir conocimiento! Conoce lo que estás haciendo y por qué lo haces. Lee libros, revistas, asiste a clases o a grupos de apoyo todo esto ayuda.
La biología del recién nacido
Durante los primeros meses de la vida de tu bebé, él duerme cuando está cansado; es así de sencillo. Puedes hacer muy poco para obligar a un recién nacido a dormir cuando no necesita dormir. Un punto importante que hay que comprender acerca de los recién nacidos es que tienen estómagos muy, pero muy pequeños. El crecimiento del recién nacido es rápido, su dieta es líquida, y la digestión también es rápida. Sería muy agradable poner este paquetito a dormir en su cunita de noche y no volverlo a escuchar hasta la mañana, aunque los padres más ingenuos saben que esto no es una expectativa real para un niño pequeñito.
Los recién nacidos necesitan alimentarse cada dos a cuatro horas y a veces más.
Dormir durante toda la noche
Tal vez hayas escuchado que los bebés deben dormir durante toda la noche, cuando tienen de dos a cuatro meses de edad. Lo que debes comprender es que, para un recién nacido, cinco horas de sueño forman toda una noche, y solamente un grupo pequeño de bebés puede dormir así a esta edad. Muchas veces es preciso un año o más para establecer un patrón de dormir toda la noche, cada noche.
Dormir mientras está comiendo
Es muy natural que a un bebé le sobrecoja el sueño mientras está tomando pecho, biberón o chupete. Cuando un bebé siempre concilia el sueño de esta forma, asocia el acto de chupar o mamar con dormir; con el tiempo, no podrá conciliar el sueño de otra forma. He escuchado a algunos expertos clasificar esto como una asociación negativa de sueño. ¡Mi bebé y yo no estamos de acuerdo con esta definición! Esta es la asociación más natural y agradable que un bebé pueda tener para conciliar el sueño. En consecuencia, muchos padres que están luchando con bebés mayores que no pueden conciliar el sueño o mantenerse dormidos están luchando contra esta asociación poderosa y natural de mamar y dormir.
Así que, si deseas que tu bebé concilie el sueño sin tu ayuda, es esencial que a veces lo dejes mamar hasta que tenga sueño, pero no hasta dormirse. Cuando puedas, retira el pecho, el biberón o el chupete de su boca para que duerma sin algo en la boca.
Despertando para comidas nocturnas
No importa que tu bebé se despierte para comer durante la noche. La clave es aprender cuando necesita comer y cuando puedes dejar que reconcilie el sueño por sí solo. Aprende a leer las señales de tu bebé. Los bebés hacen muchos ruidos al dormir, como gruñidos, lloriqueos y llantos. Estos ruidos no siempre son señales que se está despertando, sino que son sonidos del sueño, y tu bebé esta totalmente dormido (o casi) durante estos episodios. Recuerdo cuando mi primera hija, Ángela, era una recién nacida. Su llanto me despertaba muchas veces, y caía muy dormida en mis brazos antes de llegar al sillón o a la mecedora. Estaba haciendo ruidos del sueño. ¡En mi deseo de responder a cada llanto de mi nena, lo que hice en realidad es enseñarle a despertarse con más frecuencia!
Escucha y observa cuidadosamente a tu bebé. Si está despierto y con hambre, querrás darle de comer lo más pronto posible para que siga durmiendo. Pero si solamente está haciendo ruidos de sueño, déjalo que duerma.
Ayuda al bebé a distinguir entre día y noche
Un recién nacido duerme de 16 a 18 horas al día, con el sueño distribuido en 6 ó 7 periodos. Puedes ayudar a tu bebé a distinguir entre el día y la noche, para que así duerna durante períodos más largos por la noche. Durante los períodos de sueño del día, déjalo dormir en un cuarto con mucha claridad, donde pueda escuchar los ruidos naturales del día. Puedes colocar el moisés en el comedor de la casa.
Por la noche, su cuarto debe ser oscuro y silencioso. Da a tus bebés señales de que es de noche dándole un baño y poniéndole un pijama.
Observa sus señales de cansancio
Una manera de animar el buen sueño en tu bebé es familiarizarte con las señales de cansancio, y ponerlo a dormir apenas muestra esa señal. Un bebé que se trata de mantener despierto cuando está cansado es un bebé descontento. Con el paso del tiempo, este comportamiento desarrolla en el bebé una falta de sueño, que complica más el desarrollo de un patrón de sueño deseable.
Aprende a leer las señales de sueño que tu bebé ofrece: inquieto, bostezo, silencio, pérdida de interés por los juguetes, y una mirada vidriosa. Pon el bebé a dormir cuando se vea cansado.
Ponte cómoda
Es un hecho que tu bebé va a despertarse durante la noche; asúmelo. El primer paso es aprender a relajarse acerca de esta circunstancia. Llenarte de estrés o frustración no va a cambiar nada. La situación mejorará a medida que pasan los días; y cuando menos lo pienses, este recién nacido ya no será tu pequeño: estará caminando, hablando y metiéndose en todo... durante el día y durmiendo plácidamente durante toda la noche.
Este artículo es un extracto del libro The No-Cry Sleep Solution: Gentle Ways to Help Your Baby Sleep Through the Night, (McGraw-Hill, 2002) de Elizabeth Pantley, Seattle (Estados Unidos), y aquí se reproduce bajo consentimiento expreso de la autora.
Por qué los niños se despiertan por la noche

Dr. Carlos González. Pediatra autor Mi niño no me come, Besamé mucho. Cómo criar a los hijos con amor

La mayoría de los insectos, reptiles y peces tienen cientos de hijos, con la esperanza de que alguno sobreviva. Las aves y mamíferos, en cambio, suelen tener pocos hijos, pero los cuidan para que sobrevivan la mayoría. Los mamíferos, por definición, necesitan mamar, y por lo tanto ningún
recién nacido puede sobrevivir sin su madre, Pero, según la especie, también necesitan a su madre para muchas otras cosas.
En algunas especies, el recién nacido es capaz de caminar en pocos minutos y seguir a su madre (¿quién no recuerda aquella escena encantadora en Bambi?). Eso ocurre sobre todo en los grandes herbívoros, como ovejas, vacas o ciervos. Estos animales viven en grupos que devoran rápidamente la hierba de una zona, y tienen que desplazarse cada día a un nuevo prado. Es necesario que la cría pueda seguir a su madre en estos desplazamientos.
Los pequeños herbívoros, como loa conejos, pueden esconder a sus crías en una madriguera, salir a comer y volver varias veces al día para darles el pecho. Sus crías no caminan nada más nacer, sino que son indefensas durante los primeros días. Lo mismo ocurre con la mayoría de los carnívoros, como los gatos, perros o leones. La madre sale a cazar dejando a sus indefensas crías
escondidas. Las crías no nacen sabiendo, sino que aprenden, y esto es importante, porque les permite una mayor flexibilidad. Una conducta innata es siempre igual, una conducta aprendida puede adaptarse mejor a las condiciones del entorno, y perfeccionarse con la práctica. La primera vez que un ciervo ve a un lobo, debe salir corriendo. Si no lo hace bien, morirá, y por lo tanto no podrá aprender a hacerlo mejor. Por eso es lógico que los ciervos sepan correr en cuanto nacen. Los lobos sí que pueden aprender: la primera vez el ciervo se les escapa, pero con la práctica consiguen atraparlo. Los Juegos de su infancia constituyen un aprendizaje para su vida adulta.
Los primates (los monos) parece ser que descendemos de animales que caminaban nada más nacer. Pero, al vivir en los árboles, tuvimos que hacer cambios. Bambi resbala varias veces antes de ponerse en pie; y eso no tiene importancia en el suelo. Pero, subido en una rama, un resbalón puede
ser fatal. De modo que los monitos van todo el día colgados de su madre, hasta que son capaces de ir solos perfectamente, sin el menor error.
Pero es el monito el que se cuelga, activamente, de su madre, agarrándose con fuerza a su pelo con manos y pies, y al pezón con su boca (cinco puntos de anclaje). La madre puede correr de rama en rama, sin preocuparse de sujetar al niño. ¿Se atrevería usted a ir de rama en rama, o
simplemente caminando por la calle, con su bebé a cuestas pero sin sujetarlo, ni con los brazos ni con ningún paño o correa? Claro que no. Para que un niño sea capaz de colgarse de su madre y sujetarse solo durante largo rato, probablemente debería tener al menos dos años. Ya nuestros
primos más cercanos, los chimpancés, son incapaces de sujetarse solos al principio, y su madre tiene que abrazarlos, pero sólo durante las dos primeras semanas.
La diferencia con nuestros hijos es abismal. Y para caminar (no para dar cuatro pasos a nuestro alrededor, como hacen al año, sino caminar de verdad, para seguirnos cuando vamos de
compras, sin llorar y sin que tengamos que girar la cabeza cada segundo a ver si vienen o no), nuestros hijos tardan al menos tres o cuatro años.
Hasta los 12 ó 14 años, es prácticamente imposible que los niños sobrevivan solos; y en la práctica, procuramos no dejarles solos hasta los 18 ó 28 años. Los seres humanos son los mamíferos que durante más tiempo necesitan a sus padres, y dejan muy atrás a! segundo clasificado.
Probablemente, esto se debe en parte a nuestra gran inteligencia. Como decíamos de los lobos, la conducta debe ser aprendida para ser inteligente, pues la conducta innata es puramente automática.
Nuestros hijos tienen que aprender más que ningún otro mamífero, y por lo tanto tienen que nacer sabiendo menos.
¿Y qué tiene todo esto que ver con que los niños se despierten? Ya llega, ya llega. Ahora mismo veremos que tiene que ver todo lo anterior con la conducta de su propio hijo.
Empezábamos diciendo que hay crías que necesitan estar todo el rato con su madre, encima de ella o siguiéndola a poca distancia, y otras que se quedan escondidas, en un nido o madriguera,
esperando a que su madre vuelva. Para saber a qué tipo pertenece un animal, basta con observar cómo se comporta una cría cuando su madre se va. Los que tienen que estar siempre juntos se ponen inmediatamente a llorar, y lloran y lloran (o hacen el ruido equivalente en su especie) hasta que su madre vuelve. Una cría de ganso, por ejemplo, aunque tenga agua y comida cerca, no come ni bebe, sino que sólo llora hasta que sus padres vuelven, o hasta la muerte. Sin sus padres, de todos modos no tardaría en morir, por lo que debe agotar toda su energía en llorar para que vuelvan. Y debe empezar a llorar inmediatamente, en cuanto se separa, porque cuanto más tarde en hacerlo más lejos estará, y por tanto más difícil será que le oiga. En cambio, un conejito o un gatito, cuando su madre se va, permanecen muy quietos y callados. Esa separación es normal en su especie, y si se pusieran a llorar podrían atraer a otros animales, lo que siempre es peligroso. ¿Cómo reacciona su hijo
cuando usted le deja en la cuna y se aleja? Si, como hacían los míos, "se pone a llorar como si le matasen", quiere decir que, en nuestra especie, lo normal es que los niños estén continuamente, las 24 horas, en contacto con su madre.
Y no es difícil imaginar que hace 50.000 años, cuando no teníamos casas, ni ropa, ni muebles, separarse de su madre significaba la muerte. ¿Se imagina a un bebé desnudo en el campo, al aire libre, expuesto al sol, a la lluvia, al viento y a las alimañas, sólo durante ocho horas, mientras su madre "trabaja" recogiendo frutas y raíces? Ni siquiera una hora podría sobrevivir en esas
circunstancias. En tiempos de nuestros antepasados, los bebés estaban las 24 horas en brazos, y sólo se separaban de su madre para estar unos momentos en brazos de su padre, su abuela o sus hermanos. Y cuando empezaban a caminar lo hacían alrededor de su madre, y tanto la madre como
el niño se miraban continuamente, y se avisaban mutuamente cuando veían que el otro se despistaba.
Hoy en día, cuando usted deja a su hijo en la cuna, sabe que no corre ningún peligro. No pasará frío, ni calor, ni se mojará, ni se lo comerá un lobo. Sabe que usted está a pocos metros, y le oirá si pasa algo y vendrá enseguida (o, si usted ha salido de casa, sabe que otra persona ha quedado de guardia, escuchando a pocos metros).
Pero su hijo no sabe todo eso. Nuestros niños, cuando nacen, son exactamente ¡guales a los que nacían hace 50.000 años. Por si acaso, a la más mínima separación, lloran como si usted se hubiera ido para siempre. Más adelante, cuando empiece a comprender dónde está usted, cuándo
volverá y quién le cuida mientras tanto, empezará a tolerar las separaciones con más tranquilidad.
Pero aún faltan unos años. Casi toda la conducta de! bebé, que aún no ha aprendido nada, es instintiva, idéntica a la de nuestros remotos antepasados. Y la conducta instintiva de la madre también tiende a aparecer, aquí y allá, despuntando entre nuestras gruesas capas de cultura y educación.
Por eso, cuando vaya al parque con su hijo de tres años, ambos se comportarán de forma muy similar a sus antepasados. Usted mirará casi todo el rato a su hijo, y le avisará cuando se despiste ("ven aquí" "no vayas tan lejos"). Su hijo también le mirará con frecuencia, y si la ve
despistada o hablando con otras personas se pondrá nervioso, incluso se enfadará, e intentará llamar su atención ("mira, Mamá, mira", "mira qué hago", "mira qué he encontrado"...)
Llegamos a la noche. Es un periodo particularmente delicado, porque si el niño duerme ocho horas, y la madre se ha ido durante este tiempo, cuando despierte puede estar a siete horas de marcha, y por más que llore no la oirá. Hay que montar la guardia. Durante las primeras semanas, nuestros hijos están tan completamente indefensos que es su madre la que debe encargarse de
mantener el contacto. En aquellas raras culturas (como la nuestra) en que madre e hijo no duermen juntos, la separación hace que la madre esté muy intranquila, y sienta la necesidad imperiosa de ir a ver a su hijo cada cierto tiempo. ¿Qué madre no se ha acercado a la cuna "para ver si respira"? Claro
que sabe que está respirando, claro que sabe que no te pasa nada, claro que sabe que su marido se reirá de ella por haber ido... pero no puede evitarlo, tiene que ir.
A medida que el niño crece, se va haciendo más independiente. Eso no significa que pase más tiempo solo, o que haga las cosas sin ayuda, porque el ser humano es un animal social, y no es normal que esté solo. Para un ser humano, la soledad no es independencia, sino abandono. La independencia consiste en ser capaces de vivir en comunidad, expresando nuestras necesidades para conseguir la ayuda de otros, y ofreciendo nuestra ayuda para satisfacer las necesidades de los demás.
Ahora ya no hace falta que usted vaya a comprobar si su hijo respira o no; ¡él se lo dirá! Como se está haciendo independiente, será él quien monte guardia. Se despertará más o menos cada hora y media o dos horas, y buscará a su madre. Si su madre está al lado, la olerá, la tocará, sentirá su calor, tal vez mame un poco, y se volverá a dormir en seguida. Si su madre no está, se pondrá a llorar hasta que venga. SÍ Mamá viene en seguida, se calmará rápidamente. Si tarda en venir, costará mucho tranquilizarle; intentará mantenerse despierto, como medida de seguridad, no sea que Mamá
se vuelva a perder.
Es aquí donde la vida real no coincide con los libros, porque a las madres les han dicho que, a medida que su hijo crezca, cada vez dormirá más horas seguidas. Y muchas se encuentran con la sorpresa de que es todo lo contrario. No es "insomnio infantil", no son "malos hábitos", simplemente es una conducta normal de los niños durante los primeros años. Una conducta que desaparecerá por sí sola, no con "educación" ni "entrenamiento", sino porque el niño se hará mayor y dejará de necesitar la presencia continua de su madre.
Si cada vez que su hijo llora usted acude, le está alentando a ser independiente, es decir, a expresar sus necesidades a otras personas y a considerar que "lo norma!" es que le atiendan. Eso le ayudará a ser un adulto seguro de sí mismo e integrado en la sociedad.
Si cuando su hijo llora usted te deja llorar, le está enseñando que sus necesidades no son realmente importantes, y que otras personas "más sabias y poderosas" que él pueden decidir mejor que él mismo lo que le conviene y lo que no. Se hace más dependiente, porque depende de los caprichos de los demás y no se cree lo suficientemente importante para merecer que le hagan caso.
Una infancia feliz en un tesoro que dura para siempre, que nadie podrá jamás arrebatarte. La infancia de su hijo está ahora en sus manos.

Ver también

6 de mayo de 2009 a las 18:09

Gracias por compartirlo
Por suerte, la psicología actual se posiciona en un corte mucho más humanista atendiendo a las necesidades emocionales de nuestros seres pequeñitos. Cada vez más, los estudios demuestran que las actuaciones de corte conductista, aunque tienen su efectividad y aplicación en estadios evolutivos más avanzados, son obsoletas e incluso contraproducentes para el desarrollo psicológico positivo del bebé.
El entrenamiento del bebé para el sueño sin molestar, ojo y digo sin molestar deliberadamente, se basa en el principio conductista de la extinción. La extinción es un tratamiento educativo fundamental en determinados casos y a partir de cierto nivel de desarrollo cognitivo y linguistico. Su aplicación en estadios evolutivos tan tempranos, caso del sueño, se está demostrando poco acertado para el desarrollo emocional armónico.
Aunque conocía todos estos fragmentos, gracias por compartirlos aquí.
Saludos.

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7 de mayo de 2009 a las 1:09
En respuesta a itamar_8128955

Gracias por compartirlo
Por suerte, la psicología actual se posiciona en un corte mucho más humanista atendiendo a las necesidades emocionales de nuestros seres pequeñitos. Cada vez más, los estudios demuestran que las actuaciones de corte conductista, aunque tienen su efectividad y aplicación en estadios evolutivos más avanzados, son obsoletas e incluso contraproducentes para el desarrollo psicológico positivo del bebé.
El entrenamiento del bebé para el sueño sin molestar, ojo y digo sin molestar deliberadamente, se basa en el principio conductista de la extinción. La extinción es un tratamiento educativo fundamental en determinados casos y a partir de cierto nivel de desarrollo cognitivo y linguistico. Su aplicación en estadios evolutivos tan tempranos, caso del sueño, se está demostrando poco acertado para el desarrollo emocional armónico.
Aunque conocía todos estos fragmentos, gracias por compartirlos aquí.
Saludos.

Lo subo

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9 de mayo de 2009 a las 2:25
En respuesta a jaydy_7022754

Lo subo

Vale!!!
los suboooo

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9 de mayo de 2009 a las 11:20


Gracias,muy interesante.
Desde luego que es un proceso evolutivo,tanto que en la vida adulta y luego en la ancianidad el sueño sigue transformándose y variando.

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